Después de una larga jornada de trabajo y de atender a los mismos impresentables de siempre, me reuní con Viento Rojo en el T-100.
Los chicos siguen destrozados tras la pérdida de Gas. Los continuos silencios se hacen casi insoportables y las caras siguen tan compungidas como el primer día. El grupo no es el mismo desde aquel fatídico encuentro de Gas con la muerte. Fue la única persona en la que pude confiar y la verdad es que casi derramo una lágrima el día de su entierro. Pero hace tiempo juré que nunca volvería a llorar por nadie, no merece la pena. Desde su muerte me siento todavía aún más insegura y aunque nadie conoce donde vivo en realidad, no consigo dormir bien. Las pesadillas se repiten todas las noches y cada día me recuerdo a mi misma que su muerte podría haber sido por mi culpa, por haberle confesado quien soy, le puse en peligro, estoy segura.
Después de varias cervezas de algas en el estómago escuchamos ruidos de moto justo enfrente del bar. Pasados unos instantes un hombre de unos 40 años aproximadamente entra por la puerta. A primera vista su cara no me resultaba familiar y vestía con ropas de motero no precisamente baratas. Se acercó al grupo y saludó, mis compañeros le saludaron, algunos con cara de sorpresa. Era Iván Rivera, “Ira”.
Gas me había hablado de el, pero desde hace años este individuo había abandonado el grupo y tengo entendido que se incorporó a una corporación. Para no resultar demasiado fría y siguiendo mi buena educación le dediqué una pequeña reverencia inclinando levemente la cabeza hacia abajo, pero sin perder nunca el contacto visual (nunca se sabe).
El hombre tenía cara de pocos amigos y nos traía noticias poco agradables para el grupo. Me pareció extraño que después de tantos años regresara tan repentinamente al redil, a sabiendas de que ni siquiera había tenido la decencia de acudir al entierro de Gas, muy mal por su parte y muy poco honrado. Al principio sus palabras no eran demasiado claras, pero todo comenzó a tener sentido cuando pasados unos minutos oímos unos ruidos de motos parándose delante del bar, era extraño teniendo en cuenta que nadie acudía con motos, ni siquiera nosotros, básicamente porque no hay prácticamente sitio para aparcar. En ese momento Ira nos dijo que eran el grupo de moteros “Volcanes” que venían a por nosotros y no precisamente a dialogar.
Inmediatamente me levante, me acerqué a la barra y disimuladamente me asomé por la puerta. En efecto, eran una pandilla de moteros con cara de pocos amigos y parecían estar armados. Conseguí escuchar a uno de ellos planificando la entrada en el bar, tenían la intención de hacer un tiroteo en toda regla.
Cuando quise darme cuenta mis compañeros estaban saliendo por la puerta de atrás, obviamente seguí sus pasos y realizamos una retirada expeditiva. “Lobo” ofreció su casa para seguir la conversación con más tranquilidad.
Fuimos todos a pie, de camino a su casa fui realizando mentalmente un pequeño croquis de lo ocurrido, pero no conseguí atar ningún cabo.
Ya a salvo, Ira nos comentó más o menos la situación. Al parecer el accidente de Gas no era tan accidente como parecía, Ira tenía pistas que indicaban un asesinato en toda regla, pero los motivos no son precisamente concisos.
También comentó que las manos que quitaron la vida a Gas era simplemente un(a) secuaz y que había algo mucho más grande detrás. Todo indica que el(la) artífice de su muerte y de todo esto es una persona muy poderosa que pretende eliminarnos a todos. Por un momento llegué a pensar que todo era obra de Yamagata, que me habían descubierto, venían a por mi y no se andan con tonterías, son capaces de eliminarnos a todos aunque hayan inocentes por el medio. Está claro que lo que hice a Yamagata no fue muy honrado, pero mis compañeros no tienen la culpa y no voy a dejar que se coman mi mierda y mis problemas. Tengo que investigar más afondo por mi cuenta y no voy a permitir que les pase nada malo a los chicos, esto no va a quedar así.
Las palabras de Ira fueron muy duras al respecto, pero no me extraña, no es para menos. Hubo algo que Ira comento y no me gustó nada, insinuó que alguno de nosotros estaba o había estado metido tras algún motivo oscuro, o que por lo contrario Gas había estado haciendo cosas poco honradas y ahora nosotros nos estábamos comiendo su mierda. No soy la persona más adecuada para declararme inocente, pero una de las cosas que más odio en este mundo es que me acusen sin pruebas materiales al respecto.
Las insinuaciones acusadoras y sin fundamento de Ira hicieron que comenzara a desconfiar de el por completo. No me gusta la siniestralidad con la que habla y la verdad es que no es una persona que me inspire confianza, teniendo en cuenta que en cualquier momento puede reconocerme, quien sabe hasta que punto está metido en la corporación.
Al cabo de un rato escuchamos golpes que provenían de la puerta de entrada de la casa, tras ella estaba Joe, el tabernero, por así decirlo, del T-100. Es un hombre de confianza que siempre nos ha tratado estupendamente. Estaba muy alterado, nos comentó que un grupo de moteros había asaltado a tiros el bar en nuestra busca. Nos advirtió que conocían el emplazamiento exacto de nuestras casas. En ese preciso instante Mijail calló en la cuenta de que su padre estaba en casa y podría encontrarse en peligro. Por mi parte no me preocupó demasiado que algún motero pandillero incompetente entrase en mi apartamento, la verdad es que se llevaría un par de sorpresitas agradables, ja ja ja.
Inmediatamente cogimos nuestras motos y nos dirigimos por separado su casa. Subida en la moto y con dirección a la casa de Mijail pasé por delante del T-100, vi la moto de Ira tirada en el suelo, se me pasó por la cabeza que los moteros impresentables podrían haber implantado un chip de seguimiento en la moto. No le di demasiada importancia al tema, supongo que Ira es lo suficientemente competente como para darse cuenta el solito.
Aparque la moto en una zona estratégica pero no demasiado lejos del edificio. Al acercarme más al portal vi la moto de Lobo, de Nick, de Mijail, de Corredora y la de Jana, con lo cual deduje que llegaba la última, mucho mejor para mi. Cuando me acerqué al portal vi a Ira hablando por teléfono, observe la puerta del portal, aparentemente había sido forzada. En unos instantes barajé varias posibilidades, por una parte podría subir al piso en el que suponía que estaban el resto de mis compañeros y en el caso de que se encontrasen en peligro eran bastantes para defenderse, pero por otro lado mi instinto me decía que no debía quitarle ojo de encima a Ira, menuda oportunidad. Me parecía muy extraño que se quedase solo en la calle hablando por teléfono y me picaba la curiosidad saber con quien estaba hablando. Así que me quedé escondida entre las sombras.
No conseguí escuchar con claridad la conversación que mantenía Ira con quien diablos estuviera al otro lado del teléfono. Repentinamente vi como Ira se adentraba en el portal del otro lado de la calle, ese suceso me inquietó y asome mi pequeña cabecita al exterior del portal. ¡Mierda! Vi como tres hombres pegados a la pared del edificio avanzaban con dirección al portal en el que estaba yo. Inmediatamente guarde mi cabeza hacia adentro. Tenían pinta de ser militares, portaban en sus manos fusiles de alta calidad y la manera de avanzar me recordaban mis años en Yamagata. En varios segundos pensé en pillar a uno de ellos por la espalda y degollarlo sutilmente, pero mi instinto de supervivencia me obligó a huir como una rata cobarde escaleras arriba y refugiarme con el resto de mis compañeros, al fin y al cabo yo era una y ellos eran tres con armas de fuego.
Los tenía en los talones, pero mi agilidad y mis movimientos me ayudaron a ascender sutilmente sin levantar sospechas.
¡Joder! Un tirón, que buen momento. ¡Mierda! Me han escuchado y he delatado mi posición. Subí los escalones como pude pero al forzar la pierna me estaba haciendo cada vez más daño. Oí claramente como uno de los hombres comunicaba por radio que estaban persiguiendo a uno de nosotros.
En ese momento me di cuenta que eran ciertas las palabras de Ira. Se me ocurrió lanzar una de las pequeñas “bombas carta” que suelo llevar en los bolsillos internos de mi chupa (por algo siempre la tengo puesta, nunca se sabe cuando alguien que va a sentar encima de la chaqueta sin querer y en respuesta una explosión y consecuente semanita de escocimiento) unos pisos más abajo para que uno de los hombres que me estaban persiguiendo bajase y así quedarme con uno para mi solita, entonces si que podría entrar en acción.
El plan no me salió bien del todo, al tirar la mini bomba el ultimo de los hombres que subían miró hacia abajo y luego hacia arriba, pero tonta de mi, me quedé asombrada de lo bien que calculé el lanzamiento y me quedé con la cabeza asomada por la rendija de las escaleras, con lo cual me vieron.
Llegué al cuarto piso a duras penas donde se encontraban mis compañeros. Decidí ascender un piso más para ganar distancia. De repente veo como se dirigen hacia mi Corredora y Jana que me informan sobre la situación. El resto del grupo se encuentra dentro del piso de Mijail con una barricada hecha en la puerta, de manera que cuando los dos hombres se dirijan al piso nosotras les cojamos por la espalda.
Ofrecí mi apreciado y caro Bokken a Corredora y le pedí a Jana que me prestase una de sus dos pistolas, ya que yo no poseo ningún tipo de arma de fuego. El plan no funcionó como nosotros pensábamos. Escuchamos un tiro del interior del piso de Mijail, pero los militares no acudieron a el como pensábamos. Decidimos descender al cuarto piso y dirigirnos a la casa de Mijail. Ya en el rellano, Corredora tiró del brazo de Jana y consiguieron ponerse a salvo, pero desgraciadamente yo no fui tan rápida y una de las balas que disparó el militar impactó en mi hombro izquierdo y caí al suelo medio inconsciente. Gracias a dios Nick me arrastró por el suelo y me puso a salvo. Pasados unos instantes, veo como por el suelo rueda un bote metálico, en ese momento identifiqué lo que era, un bote de humo. Al principio pensé que era gas lacrimógeno, pero cuando estalló comprobé que no me ahogaba al respirarlo. Mi estado de semiinconsciencia me impidió decirlo en alto, mientras Corredora gritaba bomba. En un acto heroico, Nick rompió con sus propias manos la puerta de la casa que teníamos al lado y me ayudó a ponerme a salvo. Cerró la puerta, pero aún así entró algo de humo en la casa. Dentro de ella se encontraba la señora de la casa gritando como una histérica, pero no la hicimos ni caso, yo no tenía los ánimos como para tranquilizar a una vieja bruja, habiendo recibido un balazo en el hombro y perdiendo tanta sangre. Nick me intentó hacer un torniquete para no perder más sangre y cortar así la hemorragia, algo es algo, aunque no vi demasiado espabilado al chaval, me da la impresión que no tiene demasiadas luces.
Perdimos la localización de los chicos y no conseguíamos escuchar nada al otro lado de la puerta. Al cabo de unos instantes escuchamos un tiroteo y algunas de las balas como impactaban en las paredes, temí lo peor.
De repente comencé a oír sirenas de la policía que se acercaban al edificio. Supongo que la vieja bruja llamaría a la policía asustada, tenia que haberla noqueado, no me gustan los testigos, pero no estaba en condiciones de hacer nada, mas que cagarme en la puta madre que parió al impresentable del militar, le tenía que haber metido un shuriken por el culo cuando pude.
Los militares se retiraron y nosotros escapamos, Nick me cogió en brazos y bajamos a toda prisa a coger las motos y largarnos de allí cuanto antes. Ya a salvo, mis compañeros trataron de recordar algún lugar de fiar donde me pudieran sacar la bala sin dar explicaciones. Finalmente Lobo recordó un lugar y fuimos hasta allí. Creo que durante el camino perdí algo la consciencia, había perdido demasiada sangre. La operación fue muy dolorosa y las condiciones sanitarias y de higiene eran realmente pésimas. Procuré no moverme demasiado y dejar trabajar al “profesional”.
La operación no duró demasiado, pero a mi se me hizo eterna. Me aconsejaron guardar reposo, así que pensé en ir a mi casa, pero Nick ofreció su casa para que descansase y así vigilar por si algún otro militar le da por hacernos una visita, así que fui a su casa.
Los muchachos al parecer iban de “compras” y posteriormente dormirían en un hotel por miedo a que les encontraran en sus casas.
jueves, 31 de mayo de 2007
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